28 ago. 2007

Despertares

Abrió los ojos y la claridad lo lastimo, apago el despertador y miro la hora. Las cinco de la mañana. Por que sigo poniendo el despertador las cinco de la mañana? Se pregunto.
Hace ya varios meses que se queda en la cama una hora mas mirando el techo, sin poder volver a dormirse pero tampoco se puede levantar de la cama como si una fuerza oculta lo atara a ella. Esto empezó con la perdida de interés de su trabajo, ese mismo trabajo que lo había puesto tan orgulloso de si mismo y que ella había desvalorizado tanto. Ahora sus predicciones se cumplían, lo habían endulzado al principio pero ya no había mas proyectos especiales ni aumentos de sueldo.
Vuelve a mirar el reloj, cinco y cuarto, todavía no se va a levantar, no hasta las seis.
Cuando va al baño se miro en el espejo, no se reconoce, quien es el gordo pelado ese que se metió en mi espejo? Piensa y se sonríe medio de lado, una mueca.
Sentado en el inodoro hojea por enésima vez esa revista Pronto que sus suegros le trajeron a ella hace ya mas de un año y todavía se conserva como material de lectura comprensible frente la montaña de revistas locales indescifrables por el idioma y mas a esa hora de la mañana. Nunca comprendió como puede ser que consideren a esas revistas aptas para material de lectura en vez de traer algún libro, con la cantidad de librerías que hay en la calle corrientes abiertas las 24 horas.

Vuelve a entrar en la pieza, hecha un vistazo a la cama y la ve allí, despatarrada, todavía dormida. La visión no le produce ninguna sensación, se va a la cocina para preparar el desayuno, como todas las mañanas. Los chicos están de vacaciones por lo que seguirán durmiendo varias horas mas pero de todas formas el cumple el ritual mañanero.

Vuelve al dormitorio para despertarla, se acerca y muy suave le dice –Linda, son seis y media. Ella devuelve un sonido ininteligible, y dibuja una sonrisa, el se la devuelve como puede, otra mueca. Dale, levantate que te llevo, le dice el y agarra toda su ropa y la lleva al comedor para vestirse.

Sigue convencido de ser dos extraños compartiendo vidas. Ya vestido toma de un sorbo su café y ella se encuentra con el en la puerta y salen.

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